jueves, 23 de agosto de 2018


Por tierras de Baltasar Martín y Anselmo Pérez de Brito


Celestino Celso Hernández

            Un lugar, uno de los catorce barrios de Garafía, Juan Adalid, une a dos de los personajes más prominentes de esta villa, como también de la isla de La Palma, Baltasar Martín y Anselmo Pérez de Brito, pues ambos nacieron en este barrio del noroeste palmero.


            Un grupo de amigos hemos quedado en la gasolinera de San Antonio, en Garafía, para acercarnos a la patria chica de Baltasar y Anselmo. Pasan ya algunos minutos de las cinco y media de la tarde, hora fijada, y Martín “Cano”, a quien he convocado como guía de la visita, ha empezado a ponerse ligeramente inquieto. Lo tranquilizo indicándole que, en estos días de verano, la luz solar alcanza hasta las nueve de la noche e incluso más. Manuel Poggio, uno de los protagonistas de la jornada, que nos hemos propuesto emprender, eligió este horario de tarde por razones de su trabajo, y hay que tener en cuenta además que se desplaza desde la “suidad”, como suelen decir los palmeros, en su habla común, adelantando la letra u a la letra i. De similar modo, para referirse a la capital de la isla, suelen decir que fueron a La Palma, o que vienen de La Palma, ahorrándose las tres palabras que le anteceden, o sea “Santa Cruz de”, y dando a pie a cierta confusión, entre los que no residen en la isla.
            Antes de las seis de la tarde, reunido ya todo el equipo y hechas las presentaciones, podemos ponernos en marcha rumbo a Juan Adalid. Junto con los ya citados Manuel Poggio y Martín “Cano”, se suman también a esta pequeña expedición Francisco de Asís Leal, que viene con el objetivo de realizar dibujos del lugar, para la futura publicación que se prepara sobre Baltasar Martín, Sonia Petisco, doctora en filología, traductora e intérprete, Antonio Lorenzo Tena, bibliotecario, quien realizaría una completa labor de fotografía y filmación, un italiano, que nos pidió sumarse a la expedición, residente en la zona de los molinos de viento, para obtención de energía eólica, y como séptimo integrante de la misma quien escribe estas letras.

vista desde Roque del Faro, en dirección descendente hacia la costa

            La bajada a Juan Adalid es ya un atractivo suficiente, para acercarse por esta zona. Desde los llanos de San Antonio vamos descendiendo, entre un monte verde intenso, no de pinar a estas alturas, sino de monte bajo, frondoso, fayal-brezal. Después de transitar por este manto verde de vegetación, alcanzamos un punto en el que ya comenzamos a ver la costa, y a partir de aquí la vegetación varía drásticamente, incluso podríamos decir que desaparece, si miramos la parte que hemos dejado atrás. No debe extrañarnos que estos singulares paisajes hayan sido objeto, no sólo de admiración por quienes han tenido oportunidad de contemplarlos, sino que incluso esa admiración se haya reflejado en coplas, incluso por los propios naturales y vecinos. No lejos de este monte verde, que comentamos, en la parte baja de Roque del Faro pudimos contemplar, este mismo verano, un paisaje muy singular, en el que se alzan, monte abajo tres promontorios o “montañetas”, totalmente cubiertas de vegetación de un verde intenso. Fue con motivo de una caminata, en la que en este caso nos hizo de guía Abilio Reyes Medina. A la vista de la admiración que nos causó este paisaje, y de los comentarios que realizamos, ha tenido el detalle de hacernos llegar una décima, que le dedicó, a tan singular escenario natural, su abuela Margarita Medina Lorenzo, y que dice así: “Muy cerca de tu mansión / si la vista no me engaña / se divisan tres montañas / que causan admiración. / Obra y prodigio son / por manos del creador / donde la brisa a favor / las baña constantemente / ahí están frente a tu frente / cubiertas con su verdor.”

Martín 'Cano' y Francisco de Asís, tomando apuntes, en la casa que dice habitó Baltasar Martín

            El destino de nuestra expedición son las casas de Juan Adalid, unas pocas casas, hoy deshabitadas en su práctica totalidad, si salvamos la casa y granja de cabras y ovejas, que ocupa quien es conocido por aquí como “Malacabeza”. Aparcamos justo al pie de la propiedad, que aparece resguardada por una cadena, impidiendo el paso de vehículos, que no de personas. Rodeamos la casa y granja, y nos dirigimos al comienzo de la ladera, que aparece a su izquierda, dando al barranco que le separa del siguiente barrio, Don Pedro, que oteamos bastante más arriba. Justo aquí, Martín nos señala los restos de una casa rectangular, de limitadas dimensiones, y construida en piedra seca, sin argamasa, que identifica como el lugar en el que vivió Baltasar Martín. En la actualidad sin techo, sospechamos que en su día contara con una cubierta a base de tablazones de tea, en similares características a los que aún se conservan en algunos lugares de esta misma villa, particularmente en el barrio de Franceses –véase, al respecto, el artículo Casas con cubierta de madera, obra de Fernando Hernández Delgado, en Rincones del Atlántico-.

Martín 'Cano' y Francisco de Asís, nuevamente, esta vez frente a la cueva que se cree nació Pérez de Brito

            Desde este primer escenario, volvemos sobre nuestros pasos, y en una pequeña barranquera, previa a llegar a la ya indicada casa y granja, hacemos la segunda parada, frente a una amplia cueva, hoy llena de enseres en desuso y otros objetos desvencijados. Curiosamente, sobre la misma piedra, y de una forma nada respetuosa con la propia cueva, una inscripción, pintada directamente, señala que en ella nació Baltasar Martín. Los del lugar nos indican que ha sido realizado así, ante la llegada de personas interesadas en averiguar la cuna del héroe palmero, y para evitar el acceso a la zona de casa y corrales, que hemos narrado anteriormente. Lo curioso es que esta cueva puede tener su propio valor, como cuna natal, en efecto, pero no de Baltasar, sino de Anselmo Pérez de Brito, quien nació en Juan Adalid el 21 de abril de 1728. Formado en Santa Cruz de La Palma, al quedar huérfano de madre, se trasladó a Sevilla para formarse en leyes. De vuelta a su isla, luchó por los derechos de los vecinos y los municipios frente a los regidores perpetuos del Consejo de Castilla, alcanzando un logro sin parangón. El 1 de enero de 1773, tras una prolongada y muy dura lucha legal, que le supuso incluso dos años de encarcelamiento, logró que todos los representantes del Cabildo fueran elegidos por el pueblo, la primera vez que ello sucedía en España. A lamentar, que Pérez de Brito no lo pudiese ver, pues había fallecido cuatro meses antes, en 1772, con cuarenta y cuatro años de edad –véase Del lugar de Tagalguen, obra de Tomás Orribo y Néstor Rodríguez-.
            La tercera y última parada, de nuestro recorrido por Juan Adalid, la llevamos a cabo ascendiendo al promontorio en el que se encuentra enclavado el oratorio de la Cruz de la Centinela, en donde cada día 3 de mayo tiene lugar una festividad muy peculiar. Escenario mágico éste, sin duda alguna, pues a pesar de lo inhóspito que pueda resultar, por alejado, aislado, deshabitado e incluso batido muchas ocasiones por un viento, que llega a resultar incómodo, ofrece unas vistas inigualables de prácticamente todo el litoral norte de La Palma. Por sus extremas características nos resulta precisamente llamativo. Desde este lugar tenemos el convencimiento que Baltasar Martín pudo ver la flota de unos setecientos piratas franceses, al mando del pirata François Le Clerc, Pata de Palo, que asaltarían Santa Cruz de La Palma el 21 de julio de 1553. Baltasar Martín se considera que nació hacia el año 1520, en Juan Adalid –véase Del lugar de Tagalgen, obra de Tomás Orribo y Néstor Rodríguez-.

Monumento dedicado a Baltasar Martín y Anselmo Pérez de Brito, frente al Ayuntamiento de Garafía

            A este héroe legendario se le dedica una placa en Santa Cruz de La Palma, que reza literalmente así: “+ Aquí Yacen / los Restos del Insigne Patriota / Baltasar Martín / quien defendió heroicamente a / S/C de La Palma / de los piratas que la / invadieron / el 21 julio 1553 / obligándoles a reembarcarse / el 1 agosto 1553 / murió a la puerta / de este templo / homenaje / del Ayuntamiento de Garafía / su pueblo natal”. Por su parte, en su pueblo, además de dar su nombre a la plaza principal del municipio, se le ha dedicado una escultura, que comparte con el otro prócer ya citado, Pérez de Brito. La placa, colocada al pie de este monumento, reza del siguiente modo, también literalmente: “Garafianos ilustres // Baltasar Martín (1520-1553) / Hombre muy vigoroso, nació en Juan Adalid y murió luchando contra los corsarios que tomaron la ciudad de Santa Cruz de La Palma. Es vivo recuerdo de la memoria popular. // Anselmo Pérez de Brito (1728-1772) / Abogado y político, nacido en Juan Adalid, consiguió abolir los Regidores Perpetuos del Consejo de Castilla y constituir en La Palma, en 1773, el primer Ayuntamiento de elección popular.”

Vista desde La Centinela, hacia la derecha, en dirección noreste -El Tablado, Franceses, Barlovento,...-

            En la zona costera de Juan Adalid se localiza una bahía, baja, como suelen decir por estos lugares, de La Manga, considerada como la zona de mar más segura de todo el norte palmero, en el que desde siglos atrás se resguardan, de los duros temporales del mar norteño, tanto navíos comerciales, de pasaje, como también navíos no regulares, incluso piratas. He podido escuchar de un destacado profesional palmero, y de alta cultura, cómo al asistir a personas de estos lugares, y ante ciertas características fisionómicas de las mismas, no pertenecientes precisamente a poblaciones locales de la isla, tenía el convencimiento que, en más de una ocasión, marineros, que se resguardaban en esta citada bahía, no sólo cuidaban de sus navíos, sino que además aprovechaban para avituallarse y “conocer” mejor a la población del lugar. Nosotros somos del mismo convencimiento. Queremos indicar con esto, que fruto de estos contactos y de este trato, los lugareños podían contar incluso con ciertas informaciones preferentes, antes que en el resto de la isla. Y por lo que se refiere a los desplazamientos a pie, de estas gentes, no debía representar mayor inconveniente, conocedores además de caminos y veredas. Traemos a colación lo oído por nosotros, mucho tiempo después de aquél del héroe legendario, sobre cómo se desplazaban a pie algunas personas, aún en la primera mitad del pasado siglo XX, saliendo de madrugada desde Garafía rumbo a Santa Cruz de La Palma, y estando de vuelta, con algún recado o encargo, a la hora del almuerzo.

Vista desde La Centinela, hacia el monte, toscas en donde se ubica la que se piensa cueva natal de Baltasar Martín

            Desde este observatorio natural (por algo su nombre de ‘La Centinela’), nuestro guía, Martín, nos señala, hacia el monte, una zona de toscas, en la que se encuentran cuevas, en las que habría nacido Baltasar Martín. Estamos en la otra margen de Juan Adalid, al lado de una tremenda depresión o barranco profundo, que le separa de otro pago de este lugar, El Mudo, del que divisamos algunas de sus casas, muchas de ellas abandonadas. Un panel informativo, colocado en La Centinela, nos da información del lugar, en tres idiomas, recogiendo la parte final del texto lo siguiente: “En los planos cortos se hace patente la presencia humana y pastoril, lo que ha dibujado el cambiante paisaje de los cerrillares (pastos fruto de la acción del pastoreo y el pasado cerealista de la zona). Destaca el corte del relieve producido por el Barranco de Domingo, en el que se combina la belleza natural de cardones con las múltiples cuevas y oquedades que conforman el refugio de cabras y pastores.”
            Una vez realizada nuestra exploración del lugar, volvemos a ascender la loma sin vegetación, o de yerbajos y matojos, hasta introducirnos en el manto verde del fayal-brezal, y alcanzar las llanadas de San Antonio. Coincidimos en que hay que celebrar este encuentro, y así lo hacemos, parando en el bar Gasam. Queremos brindar con productos de la tierra, y pedimos vino de tena, una especificidad vitivinícola propia de Garafía, que le une a otros vinos similares, como el de resina de pino de Grecia y Chipre, por su envase en recipientes resinosos, como el garafiano. Nuestro gozo en un pozo, como reza el dicho, pues no les queda, de modo que optamos por un vino tinto garafiano, que acompañamos con chicharrones y queso fresco, que tanta fama ha alcanzado, no sólo en la propia isla, sino también en las islas de Tenerife, en donde los consumidores lo piden en el mercado por ‘queso de Garafía’, no ya solamente por ‘queso de La Palma’, y también en Gran Canaria.

De dcha a izda, Martín Cano, Sonia, Manuel Poggio, Celestino Celso, Francisco Leal y un vecino italiano, en La Centinela